El proceso de lavado consiste en eliminar el mucílago de la semilla del café después de fermentar, para posteriormente sumergirla en agua hasta llegar a una eliminación completa del mucílago. El resultado de este proceso es percibir el sabor del café en sí e identificar sabores puros intrínsecos del grano.
Nosotros solo producimos cafés lavados ya que, con un café lavado, percibes el sabor del café en sí: el origen, la variedad y el terroir, en lugar del impacto del método de procesamiento.
El grano de café, también conocida como “cereza de café”, tiene dos semillas (a menos que se trate de un caracol, es decir, una cereza dentro de la cual las semillas no se separaron y, por lo tanto, contiene una sola semilla más grande y redonda). Cada fruto de café está compuesto por diferentes capas: la piel externa o pulpa; el mucílago (una capa sedosa y pegajosa) responsable de gran parte del dulzor del café; otra capa similar al papel llamada pergamino; y finalmente la película plateada, una membrana que recubre las dos semillas.
Lo primero que hacer luego de la cosecha es remover las semillas del fruto, esto se llama despulpado. El segundo paso consiste en remover el mucilago y para lograr esto el café es fermentado por 12-18 horas dependiendo del clima. Luego se deben lavar las semillas y remover completamente el mucilago. Posteriormente, los granos deben secar hasta llegar a un rango de humedad entre 10 a 11.5% para luego enviar a la ciudad de El Alto para el proceso seco, que consiste en remover el pergamino y la película plateada para poder exportar el “café verde” o tostarlos y disfrutarlos en casa. En todos los pasos mencionados existe un estricto control de calidad de parte de nuestro equipo.

